La energía hidráulica se basa en aprovechar la caída del agua desde cierta altura. La energía potencial, durante la caída, se convierte en cinética. El agua pasa por las turbinas a gran velocidad, provocando un movimiento de rotación que finalmente se transforma en energía eléctrica por medio de los generadores.

Es un recurso natural disponible en las zonas que presentan suficiente cantidad de agua y, una vez utilizada, es devuelta río abajo. Su desarrollo requiere construir pantanos, presas, canales de derivación y la instalación de grandes turbinas y equipamiento para generar electricidad. Todo ello implica la inversión de grandes sumas de dinero, por lo que no resulta competitiva en regiones donde el carbón o el petróleo son baratos.

 

Debido al peso de las consideraciones medioambientales y el bajo mantenimiento que precisan sus instalaciones una vez están en funcionamiento, hacen que esta fuente de energía sea de gran interés.

 

 

La energía eólica pertenece al conjunto de las energías renovables o también denominadas energías alternativas. La energía eólica es el tipo de energía renovable más extendida a nivel internacional por potencia instalada (Mw) y por energía generada (Gwh).

La energía eólica procede de la energía del sol (energía solar), ya que son los cambios de presiones y de temperaturas en la atmósfera los que hacen que el aire se ponga en movimiento, provocando el viento, que los aerogeneradores aprovechan para producir energía eléctrica a través del movimiento de sus palas (energía cinética)

El viento, en su trayectoria, mueve las palas de los aerogeneradores, que al girar, mueven un generador que convierte este movimiento en energía eléctrica.

El conjunto de aerogeneradores que se concentran en una zona determinada con una alta incidencia del viento se le conoce con el nombre de parques eólicos.

En general, los aerogeneradores suelen estar sobre una torre de gran altura, ya que la velocidad del viento es mayor cuanto más alto nos encontramos. También existen aerogeneradores más pequeños, que pueden aportar la energía necesaria a zonas que están aisladas.

 

 

El uso de combustibles fósiles y su empleo masivo constituye una de las principales causas que están provocando el cambio climático. Es necesario la racionalización del uso de la energía y su cambio por energías que contaminen menos. La geotermia es uno de los más eficientes sistemas.

En una instalación geotérmica aprovechamos la estabilidad térmica del subsuelo para obtener o disipar el calor, según la época del año, teniendo en cuenta que a partir de 5 metros de profundidad la temperatura terrestre se mantiene constante (en España, en la zona centro sobre los 15º).

 

Esta temperatura es pasada al agua de intercambiadores tubulares introducidos en sondeos y utilizada como fluido de condensación de bombas de calor consiguiendo muy altos y estables rendimientos durante todo el año (COP>5,5), gastando solo la quinta parte respecto a radiadores eléctricos, la tercera parte respecto al gasoleo y la mitad respecto al gas natural. Además nos ahorramos los paneles solares térmicos que obliga a instalar el C.T.E para producción de agua caliente sanitaria.

La geotermia solar tiene una larga tradición en países como Francia, Suiza, Alemania, Austria, Canadá, Países Nórdicos y EE.UU. El coste de la instalación es algo más elevado que los tradicionales sistemas, pero el gasto de su utilización hace que el retorno de la inversión pueda darse en un corto espacio de tiempo. Por tanto es un sistema económicamente rentable y ecológicamente sostenible.

 

 

Es una energía renovable, gratuita y limpia que se aprovecha para la producción de calor. Mediante colectores solares se consigue el calentamiento de un fluido caloportador que a través de un intercambiador cederá esta temperatura a un acumulador para calefactar mediante suelo radiante, producir agua caliente sanitaria, calentar piscinas, etc.

El calor se logra mediante los captadores o colectores térmicos, y la electricidad, a través de los llamados módulos fotovoltaicos. Ambos procesos nada tienen que ver entre sí, ni en cuanto a su tecnología ni en su aplicación.

Hablemos primero de los sistemas de aprovechamiento térmico. El calor recogido en los captadores puede destinarse al agua caliente para consumo doméstico o industrial, o bien para calefacción, incluso podemos climatizar las piscinas y permitir el baño durante gran parte del año.

Otra aplicación con futuro es la refrigeración durante las épocas cálidas. En efecto, para obtener frío hace falta disponer de una «fuente cálida», la cual puede perfectamente tener su origen en unos captadores solares instalados en el tejado o azotea. Este procedimiento está bastante extendido por los países árabes.

Otros ejemplos podrían ser: los invernaderos solares pueden obtener cosechas mayores y más tempranas; los secaderos agrícolas consumen mucha menos energía si se combinan con un sistema solar, las plantas de purificación o desalinización de aguas, sin consumir ningún tipo de combustible.

Las «células solares» fotovoltaicas, dispuestas en paneles solares, ya producían electricidad en los primeros satélites espaciales. Actualmente se perfilan como la solución definitiva al problema de la electrificación rural, con clara ventaja sobre otras alternativas, pues, al carecer los paneles de partes móviles, resultan totalmente inalterables al paso del tiempo, no contaminan ni producen ningún ruido en absoluto, no consumen combustible y no necesitan mantenimiento. Además, y aunque con menos rendimiento, funcionan también en días nublados, puesto que captan la luz que se filtra a través de las nubes.

 

 

 

Es el conjunto de la materia orgánica, de origen vegetal o animal y los materiales que proceden de su transformación natural o artificial. Incluye específicamente los residuos procedentes de las actividades agrícolas, ganaderas y forestales, así como los subproductos de las industrias agroalimentarias y de transformación de la madera.

Están, además, los llamados cultivos energéticos para la producción de biomasa lignocelulósica, orientada a su aplicación mediante combustión o gasificación.

 

 

Al contrario de las energías extraídas de la tanatomasa (carbón; petróleo), la energía derivada de la biomasa es renovable indefinidamente y es de fácil almacenamiento. En cambio, opera con enormes volúmenes, lo que hace su transporte oneroso y constituye un argumento a favor de una utilización local y sobre todo en zonas rurales.